¿Por qué la tregua olímpica marcó la suspensión de Rusia y no de Estados Unidos?
Caen las bombas sobre Teherán y los futboleros se preguntan si el Mundial está a salvo, si la Finalissima cambia de sede o se suspende. Se reproducen las editoriales contra Trump, una reunión del presidente estadounidense y ganador de la Medalla de la Paz de FIFA con Messi y el Inter Miami desata voraces comentarios. La indignación se multiplica, pero se desinfla ante la próxima causa de furia y debate, siempre en el horizonte cercano. FIFA, mientras tanto, no dice nada: “todo pasa”, decía Don Julio, que en este momento sabría que la Copa del Mundo no corre real peligro, y que es muy probable incluso que la juegue Irán, el país atacado por el país anfitrión.
También pasa de largo la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos de Invierno de Milano-Cortina: dos semanas después del final de la edición olímpica, los paralímpicos desfilaron para abrir su fiesta deportiva, que marcó el regreso de Rusia (y Bielorrusia) a los Juegos por primera vez desde Sochi 2014. Cuando la delegación de la Federación Rusa desfiló, se escucharon algunos abucheos. También hubo aplausos cuando se anunció a la delegación ucraniana, que no estaba: boicoteó la ceremonia por el regreso ruso a las competencias.
Al vicepresidente estadounidense JD Vance también lo abuchearon, pero la delegación estadounidense desfiló con normalidad por la inauguración. Según las propias reglas del movimiento olímpico, no debieran haber estado ahí: Estados Unidos (Israel también, desde ya) rompió, con su ataque a Irán, la tregua olímpica.

¿Qué es la tregua olímpica?
Entre numerosos símbolos que el movimiento olímpico tomó de la Antigüedad para construir su mística se encuentra la tregua olímpica o ἐκεχερία. La Paz Olímpica era en la Antigua Grecia un periodo en el cual las guerras se suspendían temporalmente, con objetivo de que los deportistas pudieran desplazarse a Olimpia para participar en los Juegos Olímpicos. Más que una suspensión de los conflictos, era un permiso de libre paso para los competidores que atravesaban, para llegar a Olimpia, zonas hostiles.
Milenios más tarde, en medio de las guerras en los Balcanes, el Comité Olímpico Internacional comenzó a estudiar su restauración: en su Asamblea previa a los Juegos de Barcelona, en 1992, instaron por primera vez a los Estados que participaban a observar la paz durante la duración de los Juegos.
Hasta allí, una declaración de intenciones, una invitación a tener buena voluntad. Pero desde 1993, las Naciones Unidas avalan el acuerdo e instan, antes de cada Juego, a observar la tregua: el organismo internacional que supuestamente escribe las reglas de comportamiento del mundo pide paz durante el tiempo que dure la ventana olímpica/paralímpica.
Estados Unidos rompió el pacto, como lo hizo Rusia ya en varias ocasiones: en 2008, durante la guerra ruso-georgiana, sin consecuencias; en 2014, en el inicio del actual conflicto entre Rusia y Ucrania, cuando Rusia anexó Crimea, provocando un “boicot diplomático” de Estados Unidos y el Reino Unido de los Paralímpicos de Invierno; y en 2022, cuando entre Juegos Rusia invadió a Ucrania entre los Juegos Olímpicos y los Paralímpicos.
Al país agresor no se le permitió participar de los Juegos Paralímpicos pero, además, la sanción del olimpismo fue el punto de partida de las sanciones de la mayoría de las federaciones -rugby, tenis, hockey, voley, finalmente el fútbol-. El olimpismo, que venía de disciplinar entre Río 2016 y Tokio 2021 a Rusia por sus travesuras con el dopaje, ahora enarbolaba las reglas escritas como argumento para sancionar otra vez a los eurasiáticos: la ruptura de la tregua olímpica, amparada por la ONU (que sabemos hoy es, en el mejor de los casos solo un grupo con buenas intenciones y poca influencia) abrió la puerta a la sanción simbólica que todavía se sostiene sobre Rusia.

Rusia regresa al juego
Los días de Rusia como el paria y el villano del mundo deportivo parecen, sin embargo, llegar a su fin lentamente. La inclusión en los Juegos Paralímpicos de la delegación rusa es el inicio de una campaña de descongelamiento que podría tener su final, justamente, en un escenario espectacular para que vuelen chispas: Los Ángeles 2028 podría marcar el regreso de Rusia a los Juegos Olímpicos de Verano, el principal evento multideportivo del mundo. Kristy Coventry, flamante presidenta del COI, dijo desde sus primeros días que los Juegos deben ser “terreno neutral”: la bandera que flamean los Juegos, los cinco anillos y la promesa de paz, es una utopía que solo se puede alcanzar, afirma, despolitizando el deporte, y por eso coquetea con levantar las sanciones al país de Putin, que ya se relame y se prepara para ganar muchos oros en tierra estadounidense.
“Entendemos la política, sabemos que no operamos en el vacío, pero nuestro juego es el deporte: eso implica mantener al deporte en terreno neutral”, lanzó Coventry, en consonancia con las declaraciones de Gianni Infantino, cabeza de la FIFA: “Las sanciones deben levantarse, no han conseguido nada”.
El show debe continuar
El deporte quiere ahora, tras haber jugado un rol importante en convertir a Rusia en el villano del mundo, despegarse de su rol de mediador en los conflictos geopolíticos. “No podemos ser una organización política”, le dijo Johan Eliasch, presidente de la Federación Internacional de Esquí, al New York Times.
Pero, sancione o no, el deporte, por su masividad y relevancia, siempre es político, siempre es simbólico: ¿acaso piensan que a Trump le importa el fútbol, que a Estados Unidos le importa el fútbol?

Pero quizás Coventry, astuta, imaginaba que en este escenario de escalada bélica se iba a volver insostenible sancionar a unos y no a otros. Y sancionar al organizador de los próximos Juegos Olímpicos de Verano, bueno, es imposible: el fútbol debe continuar, los Juegos deben continuar, el show debe continuar, aunque caigan las bombas sobre Teherán.
Así que Estados Unidos e Israel desfilaron tranquilamente en la apertura de los Paralímpicos en Milano-Cortina, también Rusia. El que no estuvo fue el único atleta iraní clasificado: la bandera de Irán desfiló sin el esquiador Aboulfazl Khatibi, que se retiró de la competencia porque no pudo llegar a Italia de manera segura.