Cuando Marruecos fue parte de Francia: el Tratado de Fez, la resistencia de las tribus y una independencia que llegó hace solo 70 años

Cuando Marruecos fue parte de Francia: el Tratado de Fez, la resistencia de las tribus y una independencia que llegó hace solo 70 años
El Protectorado Francés de Marruecos (Wikipedia).

El Mundial 2026 nos ha acostumbrado a ver duelos de altísima tensión política y cultural sobre el césped, donde los mapas y los libros de historia suelen explicar las intensas rivalidades deportivas. Uno de los vínculos más profundos y complejos del fútbol moderno es el que une a las selecciones de Europa con las de África. Para entender la enorme herencia multicultural de selecciones como la francesa y el orgullo inquebrantable de los combinados africanos, es fundamental viajar al pasado.

Marruecos, hoy consolidada como una potencia futbolística y geopolítica, carga con las huellas de un pasado colonial muy reciente y en cuartos de final se enfrentará a Francia, un país que tuvo el control de la nación africana. Hace exactamente siete décadas, el país magrebí logró sacudirse el dominio europeo tras un proceso de protectorados, batallas sangrientas en el desierto y un exilio real que encendió la revolución.

1912: El Tratado de Fez y la división del territorio

A comienzos del siglo XX, Marruecos se encontraba sumido en una profunda inestabilidad política interna que amenazaba directamente el reinado del sultán Mulay Hafid. Acorralado por las revueltas, el monarca firmó el Tratado de Fez el 30 de marzo de 1912, un documento que cambió el destino de la región al convertir oficialmente a Marruecos en un protectorado de Francia.

Solo unos meses más tarde, el 27 de noviembre de 1912, Francia y España se sentaron a negociar para dividirse el mapa: España se quedó con la franja norte, mientras que Francia asumió el control de la vasta zona central y sur. Adicionalmente, la estratégica ciudad de Tánger, junto al estrecho de Gibraltar, obtuvo un carácter de zona internacional en 1923.

En los papeles, la FIFA y los organismos internacionales de la época leían que Marruecos seguía siendo un Estado autónomo bajo la soberanía del sultán. En la práctica, las potencias europeas tomaron las riendas absolutas de la Hacienda, el ejército y la política exterior, transformando al territorio en una colonia de facto, especialmente a partir de la década de 1930.

La furia de las cabilas y la Guerra del Rif

La ocupación europea jamás fue pacífica. La autoridad de los franceses, los españoles y del sultán títere Muley Yúsuf fue desafiada constantemente por tribus rebeldes que se negaban a entregar su tierra.

En la zona francesa, líderes como Al Hiba presentaron una feroz resistencia armada en la región de Marrakech entre 1912 y 1919. Mientras tanto, en la zona española, el histórico caudillo Abd el-Krim fue más allá y proclamó la independencia de la República del Rif.

Las cabilas (tribus bereberes) libraron la célebre Guerra del Rif, infligiendo a España una de sus peores derrotas militares en el desastre de Annual (1921), donde murieron más de 11,000 soldados. Para sofocar la rebelión, los ejércitos francés y español tuvieron que unirse en 1925 en el desembarco de Alhucemas —considerado la primera operación anfibia de la historia militar moderna— para lograr una sangrienta pacificación.

Infraestructura a cambio de identidad

Durante las décadas de dominación, las administraciones coloniales impulsaron una fuerte modernización técnica orientada a explotar los recursos mineros (como los fosfatos de Juribga) y agrícolas del país. Se construyeron hitos de ingeniería como:

  • El ferrocarril Tánger-Fez (1927).

  • La carretera nacional N2 (1933).

  • La pionera presa de El Kansera (1935).

  • El aeropuerto de Casa-Anfa (1919) y la gran zona industrial de Casablanca.

Sin embargo, esta modernización y el maquinismo desplazaron paulatinamente a la artesanía autóctona, mientras que las mejores tierras de cultivo fueron expropiadas y entregadas a los colonos franceses y españoles. La tensión social seguía acumulándose bajo la superficie.

El exilio del Rey y la Revolución de 1956

La Segunda Guerra Mundial lo cambió todo. Tras participar activamente en el conflicto del lado de los Aliados, los movimientos nacionalistas marroquíes se ampararon en la Carta Atlántica de 1941 para exigir sus derechos. En 1944, el Partido Istiqlal publicó un histórico manifiesto exigiendo la independencia y la reunificación nacional, logrando unir a todo el pueblo.

El punto de quiebre definitivo llegó en 1950, cuando el sultán Mohamed V se plantó ante la administración colonial y abrazó abiertamente la causa independentista. La respuesta de Francia fue drástica: el 23 de agosto de 1953 depuso al monarca y lo envió al exilio en la isla de Madagascar.

Marruecos conmemora el 69º aniversario del regreso del exilio de Mohamed V

La jugada francesa les salió al revés. El sustituto impuesto, Mohammed Ben Aarafa, fue catalogado como ilegítimo. El pueblo marroquí se levantó en masa en lo que se denominó «La Revolución del Rey y su Pueblo», desatando una oleada de atentados, huelgas y sabotajes contra los intereses civiles y económicos del protectorado.

Acorralada por la presión social en Marruecos y sus propios problemas políticos, Francia tuvo que ceder. Las negociaciones culminaron el 2 de marzo de 1956 con la firma del Acuerdo Franco-Marruecos en París, declarando la ansiada independencia oficial. Un mes después, el 7 de abril, España firmó el fin de su protectorado, y a finales de ese mismo año, Tánger fue reintegrada al territorio nacional.

Apenas han pasado 70 años desde que Marruecos volvió a ser dueño de su propio destino. Una historia de resistencia que explica por qué, cada vez que una pelota rueda en una Copa del Mundo, el orgullo magrebí se defiende con el alma.

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