¡Pleibol! El Clásico Mundial de Béisbol, ¿el verdadero Mundial del deporte?

¡Pleibol! El Clásico Mundial de Béisbol, ¿el verdadero Mundial del deporte?

Si usted lee desde América del Sur, es probable que poco le interese el béisbol. Pero si quiere aprender, el Clásico Mundial de Béisbol, que se disputa hasta el 17 de marzo, es un buen lugar para empezar. Es el mundial del deporte. Bueno, al menos, es uno de los mundiales.

​Repasemos la historia. En 1938 se llevó a cabo la primera Serie Mundial de Béisbol entre naciones: hubo dos participantes, estadounidenses y británicos, y Reino Unido le ganó al creador del juego, que por entonces todavía estaba fuertemente contenido dentro de las fronteras yanquis y sus colonias. Pero un año más tarde, ya eran más: la Serie Mundial Amateur, como se llamaría después, tuvo tres equipos, sumó al que sería máximo campeón, Cuba, y marcó el nacimiento de la Federación Internacional de Béisbol.

​Durante décadas, esa fue la máxima competencia mundial de béisbol entre naciones. Y durante décadas, observó las reglas olímpicas: no hubo profesionales hasta 1994. Cuando ingresaron, poco les interesaba a las grandes estrellas del deporte ser parte de esta competición profundamente amateur. Estados Unidos mandaba universitarios. Cuba no paraba de ganar.

​Pero, en paralelo, a la Major League Baseball le empezaba a interesar llevar el negocio más allá de Estados Unidos: copiando la hoja de ruta de la NBA, quería a principios de siglo que el gran pasatiempo americano se convirtiera en deporte mundial. Así que, para hacer breve esta introducción, en 2006 decidió organizar el Clásico Mundial de Béisbol: un mundial del deporte que cuenta con las estrellas de la MLB, las estrellas globales del deporte. La primera edición la ganó Japón: las estrellas estadounidenses se quedaron en la segunda fase. Algún fundamentalista del deporte habrá trinado en Arizona, en Texas, en Seattle, pero la MLB estaba chocha: Japón, donde el béisbol es el principal deporte, es un apetitoso mercado cuya puerta recién comenzaban a abrir.

​LA HISTORIA DE JAPÓN

​Hoy la puerta está abierta de par en par: los jugadores japoneses de éxito en su liga, la NPB, inexorablemente terminan en algún equipo de la MLB que quiere vender camisetas y ganar tracción en el país asiático, cuyo máximo ídolo es Shohei Ohtani, unicornio que lanza y batea y que ya ganó dos series mundiales para los Dodgers de Los Ángeles. Durante las últimas temporadas, la MLB abrió su año con partidos en Japón.

​Pero no siempre fue tal el idilio. Japón empezó a jugar al “yakyū” por influencia estadounidense, y si en sus primeros años hubo cierto rechazo a este juego “extranjero” en un país acostumbrado a estar cerrado al mundo, y si después de la guerra el béisbol se consideró el deporte del usurpador durante la ocupación estadounidense de la Japón desmilitarizada, los chicos adoptaron el deporte y no hubo manera de frenar el furor. Como le ocurrió al fútbol de los ingleses en América latina.

​Pero, como también ocurrió con el fútbol, Japón hizo propio el deporte: en las escuelas, donde los chicos se acercaban a la práctica deportiva, todavía regía el rigor militar de los días del imperio y más atrás. Ese espíritu todavía sobrevive en el deporte: aún hoy los chicos de escuela secundaria entrenan hasta sangrar y desmayarse, repiten mecánicamente movimientos hasta perfeccionarlos o morir, y obedecen ciegamente a entrenadores que han llevado a los jugadores hasta la lesión, como en el ejército.

​El béisbol de escuelas secundarias es a vida o muerte: los jugadores japoneses que llegan a la MLB suelen decir que más que ganar la Serie Mundial, hubieran querido ganar Koshien, el campeonato nacional de escuelas secundarias, principal evento deportivo del calendario japonés que paraliza cada verano a todo el país, y donde chicos de 16 años son seguidos de cerca como superestrellas.

​La cuestión es que de este sistema emerge un estilo de béisbol particular: frente al juego de batazos contundentes, riesgo y jugadas espectaculares estadounidense, basado en la proeza individual y en la fuerza física, nació esta otra forma de jugar, en equipo, priorizando los sencillos, los toques de sacrificio, la entrega y el espíritu de equipo. Durante años, la MLB consideró inferiores, por ello, a los jugadores de la NPB. Japón ganó masa muscular y ahora combina lo mejor de dos mundos: ganó 3 Clásicos Mundiales (es el más ganador; nunca quedó afuera de semifinales). El último se lo ganó a Estados Unidos en un final para Hollywood: en Miami, el mejor lanzador japonés, Ohtani, se enfrentó a su compañero de Los Ángeles Angels, Mike Trout. Y lo ponchó. En el vestuario, el mejor jugador de béisbol del mundo le había dicho a sus compañeros que era hora de descolgar el póster.

​De esa final, los japoneses hicieron una película que llenó los cines: el béisbol de Japón, de los pocos equipos que se junta a entrenar y jugar partidos (es decir, que no solo se reúne para jugar el Clásico), paraliza el país. 60 millones de personas vieron el primer Clásico, de 2006. 36 millones de personas los vieron jugar una exhibición previa al torneo: más del 40% del país vio la fase de grupos de este torneo. Y eso que hay varias ausencias que hieren sus chances.

​LOS PELOTEROS

​Pero no sólo Japón subvirtió el deporte del colonizador: también en Puerto Rico, Dominicana, Cuba, Venezuela y México el béisbol ha calado profundo y forjado una identidad propia. Cuba es el máximo ganador de los viejos mundiales, y fue cuarto en la última edición del Clásico, con talento fugado: la edición de 2023 fue la primera vez que MLB y Cuba permitieron jugadores que escaparon de Cuba jugar para Cuba. Este año llevan de la MLB a Yariel Rodríguez y Yoan Moncada. Sin embargo, entre desinterés de los jugadores, el peligro de lesiones y la negativa de los clubes, buena parte del infinito talento pelotero cubano estará otra vez ausente del clásico, dejando como principal candidato de Centroamérica a Puerto Rico.

​Con mucho talento asentado en la MLB, pero sin Francisco Lindor, sin Carlos Correa, sin Javi Báez (que dio positivo de marihuana en el Clásico de 2023 pero entre apelaciones, recién quedó suspendido ahora), Puerto Rico llega como el segundo equipo con más victorias en el Clásico. En 2017 fueron subcampeones, y durante el torneo se acabó la tintura de pelo en la Isla del Encanto: todos querían teñirse el pelo como las estrellas de su equipo. Incluso, se redujo el crimen durante el torneo. Pero perdieron la final con Estados Unidos.

​En tanto, la isla vecina, Dominicana, llevó al Clásico de 2023 la mejor alineación de su historia, pero no salieron de grupos entre dramáticas internas: tres jugadores amenazaron incluso con dejar el equipo. Igual, cinco de sus estrellas dijeron que preferían ganar el Clásico a ganar la Serie Mundial de la MLB. Fernando Tatiz Jr. se perdió aquella edición (está presente en esta) y dijo que no haber sido parte fue peor que ser suspendido por dopaje.

La otra amenaza del centro del continente es México. En 2023 casi elimina a Japón en semifinales, de la mano de varias estrellas de la MLB, como Alejandro Kirk, y de su héroe, Randy Arozarena: es cubano, pero se fue de Cuba, se asentó en México y llegó a la MLB. Mientras tanto, quería ser ciudadano del país que lo había acogido, pero no lo dejaban. Entonces, grabó un video en redes prometiendo que si lo hacían ciudadano, iba a jugar el Clásico para México, para siempre. El presidente lo hizo ciudadano.

Todos, claro, quieren ganarle a Estados Unidos, que otra vez oscila entre fingir que la WBC no le interesa tanto y querer vengar la última derrota, hace 3 años. Nunca van todos los mejores: en las primeras ediciones del Clásico, de hecho, era una odisea conseguir lanzadores que quisieran ir. A medida que el evento se vuelve tradición y aumentan las tensiones, cada vez más estadounidenses se suman: en la anterior edición, ninguno de los 13 mejores lanzadores estadounidenses fue parte del equipo. Este año hay cinco del top 20, algo mejor (es el mejor bullpen del equipo norteamericano desde que comenzó el Clásico). Pero, por ejemplo, el mejor lanzador del mundo, Tarik Skubal, decidió jugar pero solo un partido. Ahora está viendo si se queda o no.

​Y al deseo (o la falta de deseo) de los jugadores se suma la desconfianza a prestar jugadores de parte de los clubes: todos, incluido Estados Unidos, tienen que maniobrar alrededor de los seguros para conformar sus equipos, porque aunque lo organiza la propia MLB y fuera de temporada, los equipos solo ceden a sus figuras si la liga promete pagar un seguro en caso de lesión (cubren el sueldo durante la recuperación). Los seguros suman cláusulas, también los equipos: si un jugador estuvo 60 días lesionado la temporada pasada, el equipo puede no prestarlo. Y así.

​Pero no es Estados Unidos el más afectado por las negativas: este año los centroamericanos denuncian conspiración porque esta vez la aseguradora le bajó el pulgar a numerosos peloteros latinos que juegan en la MLB, diezmando su alineación. ¿Bidoneada yanqui para bajar rivales?

​“HIJOS DE”

En Europa, mientras tanto, el juego crece, pero despacio. Países Bajos quiere ser el país capaz de ganar un partido al menos contra los candidatos (pero tiene en el grupo a Dominicana y Venezuela). Italia, aprovechando la nacionalidad de los padres y abuelos de muchos jugadores de la MLB, suma estrellas a su selección: llevan un solo jugador nacido en la bota. Es la estrategia de muchos países en los últimos torneos: en detrimento de su propio desarrollo, no van con jugadores criados en sus ligas sino con “hijos de”: países como Israel han sumado así poder de fuego. Gran Bretaña, mientras tanto, suma jugadores de sus colonias caribeñas, donde hay gran tradición pelotera.

​Varios jugadores, incluso, han jugado para otros países en anteriores ediciones. La organización es laxa y permite estos “pases” que garantizan alineaciones más nutridas y dan lugar a partidos menos desiguales entre países de la elite del deporte y otros que no tienen liga profesional ni tradición. Hasta Corea del Sur y Taiwán, países con gran historia en el deporte (Taiwán ganó el último Premier 12) tienen jugadores no nacidos en sus países: Corea llevó a Dane Dunning y Riley O’Brien, Taiwán alinea a Stuart Fairchild y Jonathan Long. Comparten grupo con Japón: grupo picante que suma a Australia, también con talento de la MLB, a la pelea.

​EL OTRO MUNDIAL

​Pero, ¿qué es eso de la Premier 12? El Clásico Mundial lo organiza la MLB junto a la Federación Internacional, pero la federación un día quiso tener su propio torneo. Ya lo tenía, la Serie Mundial Amateur o Copa del Mundo que ya narramos, pero era un torneo de menor orden, sin los profesionales, así que en 2014 anunció que se venía el Premier 12, torneo que reúne a los doce mejores equipos del mundo. Con la creación del torneo, quedó discontinuada para siempre la vieja edición amateur. Pero el nuevo torneo no tiene a las estrellas de la MLB, las figuras del deporte a nivel mundial. La primera edición tuvo lugar en 2015, y en su segunda edición, 2019, tentó a los países al repartir dos cupos para los Juegos Olímpicos de Tokio. Para Los Ángeles 2028, sin embargo, el Clásico Mundial organizado por la MLB también clasifica a los Juegos.

Una verdadera guerra fría entre los dos organismos para ver quién se queda con el deporte: la federación del país donde nació el deporte, o la federación que rige el deporte a nivel mundial. Por ahora, gana la MLB: su liga es el estándar mundial y su campeonato internacional es, por lejos, el principal evento global del deporte.

Pedro Garay

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