Un milagro llamado Haití: cómo logró clasificar al Mundial 2026 siendo el país más pobre de América y sin poder ser local en su tierra
El fútbol acaba de escribir una de las páginas más inverosímiles y emotivas de su historia moderna. Ayer, martes 18 de noviembre de 2025, la selección de Haití selló su boleto directo a la Copa del Mundo 2026 tras derrotar 2-0 a Nicaragua en un partido decisivo que, paradójicamente, se jugó a cientos de kilómetros de Puerto Príncipe. Tras 51 años de ausencia, desde aquella mítica participación en Alemania 1974, «Les Grenadiers» regresan a la élite mundial, logrando una hazaña deportiva que desafía toda lógica económica y social.
Lo que hace de esta clasificación un hito sin precedentes es la condición de exilio forzado del equipo. Debido a la crisis de seguridad y la violencia de las pandillas que controlan gran parte de la capital haitiana, la selección no ha podido disputar ni un solo partido oficial en su propio territorio durante estas Eliminatorias.
El Estadio Sylvio Cator, otrora fortín nacional, ha permanecido en silencio, mientras el equipo tuvo que adoptar el Estadio Ergilio Hato de Willemstad, en Curazao, como su «casa» prestada para recibir a sus rivales del Grupo C de la Concacaf.

La histórica clasificación de Haití a su segundo Mundial
La jornada final fue de un dramatismo absoluto. Haití llegaba empatado en puntos con Honduras y necesitaba mejorar el resultado de los «catrachos» para asegurar el pase directo. Mientras en San José, Costa Rica y Honduras firmaban un tenso empate 0-0 que dejaba la puerta abierta, en Curazao, los goles de Louicius Deedson y Ruben Providence antes del descanso sentenciaron la victoria sobre los nicaragüenses.
El pitazo final desató una celebración que trascendió lo deportivo: fue el grito de desahogo de una nación que, según datos del Banco Mundial, sigue siendo la más pobre del hemisferio occidental.
Migné, el DT que nunca pisó Haití: el cerebro detrás del milagro
El arquitecto de este milagro es el entrenador francés Sébastien Migné, quien asumió el cargo con el desafío de amalgamar un grupo disperso por la diáspora. Sin una liga local fuerte —el campeonato doméstico ha sufrido interrupciones constantes por la inestabilidad política—, Migné se vio obligado a rastrear talento en ligas extranjeras, desde la MLS hasta divisiones inferiores de Europa, para convencer a jugadores con doble nacionalidad de unirse a una causa que parecía perdida antes de empezar.

La estadística es demoledora: Haití superó a potencias regionales con infraestructuras millonarias teniendo un presupuesto ínfimo y una logística de pesadilla. Mientras sus rivales viajaban en vuelos chárter y concentraban en hoteles de lujo, la federación haitiana tuvo que hacer malabares financieros para costear los traslados de sus jugadores.
Esta disparidad económica resalta aún más el logro de un plantel que convirtió la adversidad en su mayor combustible anímico, adoptando la resiliencia como su identidad táctica.
Haitó, hundido en la crisis y la pobreza
La clasificación llega en un momento crítico para el país caribeño. Con aproximadamente el 80% de Puerto Príncipe bajo la influencia de grupos armados y una crisis humanitaria que ha desplazado a miles de personas, el fútbol se ha convertido en el único aglutinador social capaz de detener, aunque sea por unas horas, el conflicto.
Las imágenes que llegan desde la isla muestran calles colmadas de gente celebrando, una tregua tácita impuesta por la euforia de ver su bandera nuevamente en el escenario global.

El impacto económico de esta clasificación podría ser vital para la Federación Haitiana de Fútbol (FHF). Los premios que otorga la FIFA por participar en la fase de grupos, que ascienden a millones de dólares, representan una fortuna incalculable para una institución que opera en números rojos. La gestión de estos fondos será crucial: existe la esperanza de que el dinero se utilice para reconstruir la infraestructura deportiva devastada y ofrecer un futuro a los jóvenes que hoy ven en el balón su única vía de escape de la pobreza extrema.
Ahora, el mundo espera ver a Haití en 2026, en los estadios de Estados Unidos, México o Canadá. Será una oportunidad para que la comunidad internacional recuerde que, detrás de los titulares sobre crisis y desastres naturales, existe una nación con un orgullo inquebrantable. Como declaró Migné en la rueda de prensa posterior al partido en Curazao: «Hoy no ganaron once jugadores; ganó un pueblo que se niega a dejar de soñar, incluso cuando no tiene dónde dormir».