¿Por qué Japón puede ser la gran sorpresa del Mundial 2026 y por qué no?
Ya sea por la fascinación cultural, el respeto a su disciplina, la mística de los «Samuráis Azules» o el legado de ficciones como Supercampeones o Blue Lock, Japón es la selección fetiche de gran parte del mundo futbolístico. De cara a la Copa del Mundo 2026, los analistas y fanáticos tienen motivos de sobra para subirse al barco nipón, pero también existen razones de peso para mantener los pies sobre la tierra.
Japón fue el primer equipo en asegurar su boleto al Mundial y llega con la que quizás sea la mejor preparación de toda su historia. Sin embargo, el laberinto de la élite mundialista siempre les reserva un final amargo. ¿Podrán derribar su muro histórico en Norteamérica?
Los argumentos del «Sí»: Una máquina táctica sin precedentes
Los números recientes de Japón son abrumadores. Desde el pitazo final en Qatar 2022, el equipo ha perdido apenas cinco partidos sobre 41 disputados. En este ciclo mundialista, lograron victorias históricas que sacudieron el tablero internacional: golearon a Alemania, vencieron por primera vez a Brasil y asaltaron Wembley para derrotar a Inglaterra.
La gran fortaleza del equipo dirigido por Hajime Moriyasu (quien ya suma ocho años en el cargo) es su inmensa riqueza táctica. Japón ha mutado. Ya no es solo un equipo vertical; sabe monopolizar la posesión ante bloques bajos, pero mantiene su letalidad al contragolpe aprovechando la técnica en velocidad de sus extremos.
Moriyasu ha flexibilizado su esquema, alternando la clásica línea de cuatro con un dibujo de tres centrales para sumar volumen en un ataque plagado de figuras. La profundidad de la plantilla es envidiable:
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Kaoru Mitoma (estrella del Brighton).
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Junya Ito, veloz y con experiencia mundialista.
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Keito Nakamura, talento de tranco elegante.
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Ritsu Doan, el «10» de estampa maradoniana que brilló en Qatar.
El mediocampo no se queda atrás, con opciones de excelente presente en Europa como Tanaka, Kamada, Sano, Fujita y Morita. Hay poca improvisación: saben a qué juegan.
Los argumentos del «No»: El Síndrome «Blue Lock» y la fragilidad defensiva
A pesar del brillo ofensivo, esta «mejor selección japonesa de la historia» convive con carencias palpables. La primera es la falta de un «9» contundente, un goleador nato que capitalice la generación de juego.
El segundo factor bordea el análisis sociológico. El riguroso sistema formativo nipón crea jugadores técnicamente dotados y tácticamente obedientes, pero la crítica local señala una falta de rebeldía. A Japón parece faltarle ese jugador icónico, egoísta y «más grande que la vida», capaz de ganar un partido por sí solo cuando el sistema colectivo falla. Es el exacto debate que popularizó el manga Blue Lock. ¿Dará un paso al frente Mitoma o Doan para convertirse en leyenda?
Además, la recta final hacia el Mundial 2026 ha estado marcada por la enfermería. Figuras ofensivas como Takefusa Kubo y Takumi Minamino han arrastrado lesiones preocupantes. Peor aún es el panorama en defensa, el verdadero talón de Aquiles actual. Baluartes como Ko Itakura y Takehiro Tomiyasu (ambos en el Ajax), sumados a Koki Machida y el pivote Wataru Endo (Liverpool), han sufrido contratiempos físicos. El arco y la última línea carecen hoy de dueños indiscutidos.

El trauma de los octavos y un cuadro infernal en 2026
La verdadera prueba del ciclo para Japón fue la Copa Asiática 2023, y el equipo quedó en deuda cayendo en cuartos ante Irán. Este tropiezo recordó al viejo fantasma nipón: la incapacidad de dar el golpe en el momento crítico.
En la historia de las Copas del Mundo, Japón jamás ha logrado superar los octavos de final. Las agonías están frescas en la memoria colectiva: la remontada sufrida ante Bélgica (3-2) en la última jugada de 2018, y la eliminación por penales ante Croacia en 2022 tras haber dominado el encuentro. Les cuestan los partidos bisagra.
El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá suma nuevas dificultades. Con el formato de 48 equipos, superar la barrera histórica requerirá sobrevivir al grupo y luego sortear dos fases de eliminación directa (16avos y octavos).
El sorteo no fue benevolente. Japón cayó en un grupo engañoso junto a Países Bajos, Suecia y Túnez. No hay «cucos» insuperables, pero tampoco rivales débiles. Cabe recordar que en Qatar le ganaron a España y Alemania, pero tropezaron insólitamente con Costa Rica. Si logran salir vivos, el cruce de 16avos asoma terrorífico: los espera el segundo del grupo que integran Brasil y Marruecos.
El célebre proyecto a 50 años de la Federación Japonesa planeaba poner al país en el Top 10 mundial para 2015. Hoy son 18º. El plan de marketing funcionó para instalar la amenaza latente de que Japón «conquistará el mundo», pero la realidad dicta otra cosa. Antes de soñar con un podio histórico en 2026, el equipo de Moriyasu debe dedicarse a tirar abajo, de una vez por todas, el infranqueable muro de los octavos de final.