La historia de las Islas Malvinas: el trasfondo histórico que convirtió en Argentina vs. Inglaterra en un clásico
Cada vez que las camisetas de Argentina e Inglaterra se cruzan en un campo de juego, el ambiente se carga de una tensión que resulta incomprensible si solo se mira la pelota. Como repasamos en nuestra nota anterior sobre el escandaloso partido del Mundial de 1966, la rivalidad deportiva tuvo allí su gran detonante. Sin embargo, el resentimiento mutuo tiene raíces mucho más profundas, oscuras y dolorosas que una tarjeta roja o un banderín estrujado.
El verdadero origen de este clásico del fútbol mundial no nació en el césped de Wembley ni en el Estadio Azteca, sino en las frías aguas del Atlántico Sur. El conflicto geopolítico y territorial por la soberanía de las Islas Malvinas es la herida abierta que transformó un simple partido de fútbol en una cuestión de honor nacional. En Histoporte, repasamos la cronología de una disputa que lleva siglos.

El misterio del descubrimiento y el dominio colonial
El inicio de la historia de las Malvinas está envuelto en la bruma de las controversias imperiales. Durante siglos, Francia, España y el Reino Unido se disputaron el título de «descubridores» para legitimar sus derechos.
Aunque los británicos sostuvieron hasta el siglo XX que el navegante John Davis las descubrió en 1592, la historiografía moderna reconoce que los mapas españoles ya las incluían desde 1520 (expedición de Magallanes). La primera visita documentada e incuestionable fue la del marino neerlandés Sebald de Weert en el año 1600.
El primer asentamiento real llegó de la mano de los franceses. En 1764, Louis Antoine de Bougainville fundó Puerto Luis, introduciendo el nombre Malouines (castellanizado luego como Malvinas). España, que consideraba al archipiélago parte de su jurisdicción, reclamó formalmente. Francia cedió y, a partir de 1766, la monarquía española instaló su propia gobernación subordinada directamente a la Capitanía General de Buenos Aires.
Durante casi medio siglo, España mantuvo 32 gobernadores ininterrumpidos en Puerto Soledad, hasta que en 1811, en pleno estallido de las guerras de independencia americanas, la guarnición realista fue evacuada hacia Montevideo.

La herencia argentina y la usurpación de 1833
Tras consolidar su independencia, la República Argentina asumió la soberanía de las islas bajo el principio legal de Uti possidetis iuris (heredando los territorios que correspondían a España).
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1820: El gobierno de Buenos Aires envió una fragata para tomar posesión formal.
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1829: Se creó la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, al mando de Luis María Vernet, quien impulsó el desarrollo de la colonia.
El punto de quiebre que daría inicio al reclamo perpetuo ocurrió el 2 de enero de 1833. Ese día, la fragata de guerra británica HMS Clio, al mando del capitán John James Onslow, atracó en las islas con un ultimátum. Ante la abrumadora superioridad bélica británica, la defensa argentina comandada por José María Pinedo fue obligada a retirarse. Los británicos arriaron la bandera argentina, izaron su pabellón e iniciaron una ocupación ininterrumpida basada en la explotación ganadera (Falkland Islands Company).
El siglo XX: del «Operativo Cóndor» a la Guerra del 82
Curiosamente, el mismo año en que Rattín era expulsado en el Mundial de Inglaterra (1966), la tensión geopolítica daba un aviso. En septiembre de aquel año, un comando de 18 jóvenes argentinos desvió un avión de Aerolíneas Argentinas y aterrizó en las islas en el llamado «Operativo Cóndor», donde izaron banderas argentinas en un acto de reivindicación simbólica.
Pero la tragedia máxima llegaría a principios de 1982. La Junta Militar que gobernaba Argentina ordenó la recuperación militar de las islas. El 2 de abril, las Fuerzas Armadas argentinas desembarcaron y desalojaron a la administración británica. La respuesta del Reino Unido desató un conflicto bélico en el Atlántico Sur que se extendió hasta el 14 de junio, dejando un saldo doloroso de 649 caídos argentinos y 255 británicos.

Un conflicto vigente hasta nuestros días
Hoy, la disputa sigue tan viva como hace dos siglos. Para la ONU, las islas son un «territorio no autónomo» bajo supervisión del Comité de Descolonización, reconociendo oficialmente que existe un litigio de soberanía pendiente.
Argentina rechaza categóricamente la administración británica, considerando a las islas una parte indivisible de su territorio (incorporadas a la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur) e incluyó este reclamo irrenunciable en su Constitución Nacional de 1994. El Reino Unido, por su parte, se ampara en el deseo de los isleños de seguir siendo británicos.
Sin embargo, el tablero geopolítico nunca deja de moverse. Recientemente, el 24 de abril de 2026, una filtración de inteligencia publicada por Reuters sacudió la diplomacia internacional: el Pentágono de Estados Unidos habría esbozado la opción de quitarle su histórico apoyo al Reino Unido en la disputa por las Malvinas, como represalia a los aliados de la OTAN que no apoyaron a Washington en el reciente conflicto armado con Irán.
Mientras los despachos diplomáticos arden y la historia sigue su curso, el fútbol actúa como la única válvula de escape. Cada vez que Argentina e Inglaterra se miden en una cancha, no son solo 22 jugadores detrás de un balón; son el reflejo de una historia de usurpación, sangre y un reclamo de soberanía que el pueblo argentino jamás olvidará.