La historia de Charles Marc De Ketelaere: era un crack del tenis, estudió Derecho y el Milan lo compró porque lo comparaban con Kaká
El Mundial 2026 no deja de regalarnos historias fascinantes de talentos que, por azares del destino, terminan decidiendo la suerte de toda una nación sobre el césped. Hoy, el rostro en la marquesina de Bélgica no es el de Romelu Lukaku ni el de Kevin De Bruyne. Todos los focos apuntan a un joven de 25 años, de rubia cabellera con raya al costado y 1,92 metros de estatura que acaba de apagar abruptamente el «sueño americano»: Charles Marc De Ketelaere.
Con un doblete letal, este atacante fue el gran artífice del 4-1 sobre Estados Unidos, mientras que también fue quien le cortó la racha de valla invicta a España y Unai Simón. Sin embargo, lo más curioso de este talento que se prepara para enfrentar a España en los cuartos de final, es que sus primeros pasos competitivos estuvieron muy lejos de un campo de fútbol.

De la raqueta y los estrados al césped
Como suele ocurrir con los fuera de serie en múltiples disciplinas, el destino deportivo de De Ketelaere pudo haber sido diametralmente opuesto. De niño, ganó torneos amateur de judo y destacaba en el kubb (un tradicional juego sueco que mezcla bolos y críquet). Pero su verdadero potencial estaba en los courts.
Era tan bueno con la raqueta que las autoridades de la federación belga proyectaban en él a una futura estrella. Lo veían como un nuevo David Goffin que seguiría la estela dorada de leyendas locales como Kim Clijsters y Justine Henin. Sin embargo, su carácter intempestivo en el tenis individual terminó inclinando la balanza:
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La frustración solitaria: “El tenis es mucho más confrontativo cuando perdés. En el fútbol es más fácil encontrar excusas cuando las cosas van mal, pero en el tenis solo sos vos”, confesó alguna vez.
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Odio a los tramposos: De Ketelaere no soportaba a los chicos que cantaban mal los piques de la pelota. Su frustración llegaba al punto de golpear todas las pelotas a propósito o, directamente, abandonar el juego. Rompió su raqueta por última vez y decidió cambiar de rumbo.
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La intervención clave: El cazatalentos Birger Van de Velde vio algo especial en él y convenció a su madre para que el joven se enfocara en el fútbol, vaticinando que algún día llegaría al Milan.
Lejos de apostar todo únicamente al deporte, el volante ofensivo se preparó para el día después: comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de Gante. Alto, inteligente, con gran panorama y zurdo, el «abogado del futuro» estaba listo para dar el salto.

El peso de ser el «Nuevo Kaká» y los 35 millones del Milan
Su explosión se dio en el Brujas de su ciudad natal, donde debutó en septiembre de 2019. El mundo tomó verdadera nota de su talento dos años después, en la Champions League, cuando fue la gran figura (con el dorsal 90) en un empate 1-1 frente al todopoderoso PSG que alineaba por primera vez a su trío estelar: Messi, Neymar y Mbappé.
El AC Milan, un gigante de capa caída necesitado de nuevos ídolos, pagó 35 millones de euros por este diamante en bruto. Llegó a Italia envuelto en el aura de ser el «nuevo Kaká». Una etiqueta que, a la larga, le hizo daño. El crack brasileño jugaba en otra liga y las expectativas aplastaron al belga. Tras una campaña decepcionante, con pocos goles y mirado de reojo por la afición rossonera, la presión lo relegó al lateral y muchos lo tildaron de fracaso.
Renacer en Bérgamo y la explosión en Norteamérica
La redención la encontró en el contracultural Atalanta, un equipo que siempre es un espectáculo y que le permitió recuperar la memoria futbolística. Ese renacer en Bérgamo es el que hoy disfruta Rudi García, el seleccionador de Bélgica.

Tras el fiasco de Qatar 2022 (donde Bélgica cayó en fase de grupos y él solo jugó 15 minutos ante Marruecos), De Ketelaere ha tomado las riendas en esta edición 2026. Ante Estados Unidos, García apostó por su dinamismo para acompañar a sorpresas como Lukebakio y Raskin, sentando a símbolos como De Bruyne y el mismísimo Lukaku.
«Quería más velocidad en ataque. Y qué decir de Charles… Su segundo gol es propio de un auténtico número 9. Es puro talento», sentenció su entrenador tras la clasificación.
Jugando como un falso 9 pero con la altura, convicción y optimismo de un goleador clásico, De Ketelaere llega en estado de gracia. «Cada día tengo más confianza», admite el talento de Brujas. La raqueta quedó en el pasado, los códigos de Derecho pueden esperar. Hoy, tiene un solo objetivo: darle a Bélgica su primera estrella mundial.