Durante casi un siglo, la economía, el poder y la influencia geopolítica de Arabia Saudita se resumieron en una sola palabra: petróleo. El oro negro construyó imperios en medio del desierto y le dio a la monarquía saudí un asiento VIP en la mesa de las decisiones globales. Sin embargo, el mundo está cambiando a una velocidad vertiginosa. Con la inevitable transición hacia las energías renovables y la fecha de caducidad de los combustibles fósiles asomando en el horizonte, Riad entendió que debía reinventarse o prepararse para un colapso.
¿La solución? El deporte y el entretenimiento. Lo que para muchos fanáticos occidentales parece una invasión repentina de petrodólares en el fútbol, el golf o la Fórmula 1, es en realidad un plan de supervivencia estatal fríamente calculado. En Histoporte desglosamos cómo y por qué Arabia Saudita decidió comprar el deporte mundial, llegando incluso a adueñarse de las franquicias de videojuegos más populares del planeta.
Visión 2030: El plan maestro del Príncipe
Toda esta revolución tiene nombre y apellido: Visión 2030. Impulsado por el príncipe heredero Mohammed bin Salman (MBS), este megaproyecto busca diversificar la economía del país para que deje de ser dependiente del crudo. El objetivo es transformar a la nación en un gigante del turismo global, la tecnología, el entretenimiento y, por supuesto, el deporte.
Para lograrlo, el brazo armado de esta estrategia es el Fondo de Inversión Pública (PIF), un fondo soberano con recursos prácticamente inagotables que comenzó a salir de compras por el mundo.
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Fútbol internacional: La adquisición del Newcastle United en la Premier League fue solo el aviso. Hoy, el país ya tiene asegurada la organización de la Copa del Mundo de la FIFA 2034.
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La Saudi Pro League: En lugar de solo comprar equipos afuera, decidieron llevar a las estrellas a su casa. La llegada de Cristiano Ronaldo abrió una compuerta por la que pasaron Neymar, Benzema y decenas de figuras, inyectando miles de millones para que su liga local compita por la audiencia global.
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Otros frentes: La creación del circuito LIV Golf (que partió en dos la historia de este deporte y obligó al PGA Tour a negociar), la presencia de la Fórmula 1 en Yeda, y veladas históricas de boxeo de los pesos pesados.
La conquista del mundo virtual y los eSports
Pero la estrategia saudí no se detuvo en el césped o en el asfalto; entendieron que el futuro del consumo deportivo de las nuevas generaciones está en los pulgares. El Príncipe Heredero, un confeso fanático de los videojuegos, apuntó los cañones del PIF a la industria del gaming.
El movimiento más agresivo fue la toma de posiciones mayoritarias y compras masivas de acciones en los gigantes de la industria, incluyendo Electronic Arts (EA), la desarrolladora detrás del videojuego deportivo más popular y lucrativo del mundo: el actual EA Sports FC (históricamente conocido como FIFA). A esto se suman inversiones multimillonarias en compañías como Nintendo, Take-Two Interactive y SNK.
Además, Arabia Saudita compró ESL y FACEIT (las principales organizadoras de torneos de deportes electrónicos del mundo) por 1.500 millones de dólares. Ya no solo invierten en el deporte tradicional; literalmente son los dueños de la infraestructura competitiva del deporte virtual a nivel global, consolidando a Riad como la capital indiscutida de la Copa Mundial de Esports.
¿»Sportswashing» o simple necesidad económica?
Desde Occidente, la agresiva irrupción de Arabia Saudita ha sido catalogada repetidas veces bajo el término sportswashing (lavado de imagen deportivo). Organizaciones de derechos humanos acusan al reino de utilizar el glamour del fútbol, los motores y los videojuegos para limpiar su cuestionado historial en materia de derechos civiles y libertades individuales.
Sin embargo, desde la perspectiva de Riad, la lectura es puramente económica y demográfica. Más del 60% de la población saudí tiene menos de 30 años. Esta inmensa masa de jóvenes demanda entretenimiento, cultura y modernidad.
Arabia Saudita sabe que los pozos petroleros algún día se secarán. Cuando ese momento llegue, el reino espera que el mundo entero siga enviándoles su dinero, ya no a cambio de barriles de crudo, sino para ver un Gran Premio de Fórmula 1, vibrar con un Mundial de fútbol, o simplemente comprar la próxima edición del simulador de fútbol virtual más famoso del planeta. La pelota, ahora, es su nuevo combustible.
